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HISTORIA DE ROSA – LA TRANSFORMACIÓN EN MEDIO DEL CAOS

Soy Rosa Angélica Arias, tengo 16 años, estudio en grado 9°. Hace 3 años ingresé a la fundación. Al principio me gustó que me daban refrigerio y era rico, pero además de eso, me gustaron las actividades que hacían los profesores. La gente me pregunta qué es lo que sucede para que yo haya decidido quedarme por 3 años, además del refrigerio, y la respuesta es sencilla: En la fundación hay oportunidades. En el lugar donde yo vivo, es una invasión, allá lo que se ve todos los días es violencia, peleas, muertos, allá no hay oportunidad de ser diferente, porque si usted lo es, entonces es bobo, agrandado o malo, y todo es malo. No hay futuro.

Cuando yo llegué a la fundación, pensaba que vivir en la invasión era lo máximo, era lo mejor, pero luego fue entendiendo que yo puedo tener algo mejor y hacer algo mejor, entonces comprendí que en la fundación podía lograrlo, porque me enseñan a ser mejor persona sin juzgarme ni rechazarme, sino respetando lo que yo soy y ayudándome a ver de otra forma.

Estar en la fundación es bueno para mi, muy bueno; en el colegio, varios profesores se sorprenden de la forma como yo hablo, porque dicen que es diferente, que se nota que yo pienso más y que la forma como me expreso muestra que soy diferente y cuando me preguntan a dónde voy, yo les hablo de la fundación y ellos dicen que ojalá otros muchachos fueran también a aprender allá.

Yo sigo en la fundación, porque aquí me divierto, aprendo y construyo un futuro para mi.

HISTORIA JOHAN SEBASTIAN – DEL TRABAJO EN LA CALLE A LA USC

Yo soy Johan Sebastián, tengo 21 años, actualmente estudio en primer semestre de licenciatura en educación física en la universidad Santiago de cali.

Hace 10 años, yo trabajaba en la calle, la situación de mi familia era muy dura porque mi somos 4 hijos y mi mamá en ese momento estaba en embarazo de mi hermanita menor y no tenía trabajo y mi papá estaba accidentado, entonces mi mamá se rebuscaba como fuera para que nosotros pudiéramos estudiar y tener para comer.

Salíamos a la calle a vender frutas y aromáticas, a veces a la galería, hacíamos lo que fuera. En ese momento, yo tenía muchos sueños, quería ser futbolista, era lo que mas quería, pero la verdad es que no pensé que eso pudiera suceder, uno de niño siempre piensa que un día se le va a aparecer un mago o algo así para hacerle realidad los sueños, pero eso no sucede y aprendí que hay que meterle ganas a lo que uno quiere para alcanzarlo. La cosa es que tampoco creía que iba a lograr ser futbolista profesional, aunque hice lo posible por entrenar y eso.

Hoy, cuando miro hacia atrás, entiendo que oportunidades como las que brinda la fundación, no solo de ayudarlo a uno, sino de hacerle entender, de enseñarle, de ponerlo a pensar a uno de otra forma, se tienen que aprovechar, y aunque yo aproveché, me hubiera gustado aprovechar más desde antes. He aprendido a trabajar por mis sueños, todos los días y a soñar en grande, para tener todos los días, motivos para seguir adelante.

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